¿ Artesanía o industria ? (II)
La economía interpersonal


R. Veen, 10/95


Para que una empresa sea humana, hemos de prescindir de estructuras jerárquicas tales como las sociedades anónimas u otras, porque es la única forma de no someter a unas personas a la voluntad, siempre subjetiva, siempre arbitraria, de otras (sometimiento que no hemos dudado en llamar esclavitud). Una solución alternativa, concluía en mi artículo anterior, consiste en reconocer el derecho al trabajo libre de cada persona y abolir toda estructura empresarial fija, sin que ello exima de la necesidad de competencia profesional ni del pago del impuesto sobre la renta.
Esto suena a utopía, es verdad. Estamos tan acostumbrados a tratar a los demás y que se nos trate según nuestra posición, poder o cuenta bancaria, que no parece que haya otra forma de ver y de hacer las cosas. Tal vez nosotros, animales, no sepamos nunca tratarnos amablemente. Sí, pero una cosa es nuestro ser animal, y otra bien distinta es institucionalizar el trato desigual en forma de leyes.
De nuevo, dando un paso atrás en la argumentación, confrontemos artesanía e industria, pequeña y gran empresa. Veamos qué ventajas e inconvenientes tienen cada una de ellas.
Grande, pequeño
Entre las ventajas de la gran empresa están: disponibilidad de capital para acometer proyectos de investigación y para comprar herramientas caras; estabilidad como ente separado de las personas que lo forman; mayor accesibilidad a la materia prima, con mejores condiciones de compra; mejor acceso a los canales de distribución y venta; mejor organización.
Entre las ventajas de la empresa artesana encontramos: producto y trato más humano; la distancia entre productor y usuario suele ser menor; se da con mayor frecuencia una motivación por el producto o servicio, no sólo económica; una zona con tejido microindustrial es más autónoma, menos vulnerable a catástrofes, guerras y vaivenes del mercado internacional que una basada en unas pocas industrias grandes; menor necesidad de transporte de personas y mercancías al estar más diseminada.
Los inconvenientes de la gran empresa son, entre otros: productos y servicios impersonales, trato inhumano por la diferencia entre los niveles jerárquicos superior e inferior, lo que propicia la desigualdad y la esclavitud; distanciamiento del objeto social de la empresa en favor de una visión exclusivamente económica; acumulación de poder y dinero en unos pocos; distancia grande entre el productor y el usuario final; distancia casa-trabajo media mayor (más transporte); crea desequilibrios entre zonas, al concentrar el trabajo en un lugar; las grandes empresas pueden infringir serios daños a las pequeñas, puesto que no compiten en igualdad de condiciones; no existen escrúpulos a la hora de destruir el medio ambiente o trasladar la empresa a otro país (sin contar con los trabajadores, claro).
La pequeña empresa tiene inconvenientes como: peor acceso a los materiales y servicios, poco o ningún poder en su relación con las instituciones oficiales; productos y servicios de complejidad menor, quedando excluidos de sectores donde es necesaria una gran infraestructura; poco excedente de dinero para realizar proyectos de investigación y compra de medios; organización inexistente o pobre.
Esta lista es parcial y, por supuesto, pueden haber excepciones. Sin embargo, parece claro que el camino humano no pasa por las grandes empresas. Habría que poner un límite a su tamaño, pero ¿cuál ?. Entre 1 y n, ¿ donde situamos la frontera ? ¿ En 100 personas ?. Las fronteras son arbitrarias, subjetivas, no suelen existir físicamente, son siempre objeto de discusión. Por lo tanto, entre poner el límite en 1 o en muchos, escogemos lo primero: limitar el tamaño de las empresas a 1 persona. Esto no significa la creación de una ley que prohiba las sociedades empresariales jerárquicas, sino la eliminación de las leyes que las sustentan. Significa el fin de las empresas tal y como las entendemos ahora. Emergería una economía entre personas. ¿ Y qué hacer con aquellos que prefieren las grandes empresas ? Hay quien la gran empresa le permite hacer lo que le gusta. También hay quien está cómodo en una función, a expensas de otros muchos que no están tan cómodos. Finalmente están los seres que hemos dado en llamar verticales, por su tendencia a la búsqueda de dinero y poder.
En la economía interpersonal, los primeros podrán encontrar un trabajo parecido. Los segundos tendrán que aceptar parte del trabajo incómodo. Y los terceros deberán atender un curso de reciclaje y aprender un oficio, ya que no habrá lugar para usurpadores.


De persona a persona
La economía de persona a persona significa la muerte de las empresas en el sentido económico, el de la distribución desigual de dinero y poder por ley. Evitamos los inconvenientes de las grandes empresas y conseguimos las ventajas de las pequeñas. Nos encontraremos con un sinfín de personas o grupos pequeños, trabajando por su cuenta. ¿ Seguirá siendo posible acometer proyectos grandes, como antes?. Lo veremos más adelante.


Las personas tienden a agruparse. Esta tendencia es inevitable. Pero, en esta sociedad sobre-legislada y compartimentada, los grupos se formalizan y se constituyen en entes propios, separados de las personas que los integran. Esto sucede con empresas, pero también con asociaciones, fundaciones, partidos políticos, etc. Adquieren poder, acumulan recursos y operan al margen de las personas. He aquí el error: formalizar, legalizar los grupos en la forma que se hace.
Pero, por otra parte, la existencia de grupos en inherente a la condición humana y la de otros seres vivos. La economía interpersonal no apoya la formación de grupos jerárquicos, en los cuales unos pocos se aprovechan de los demás, pero no impide la formación de grupos en general. No se trataría de grupos económicos, sino de grupos en torno a una tarea u objetivo, o en torno a unas instalaciones de propiedad compartida, siempre de tamaño manejable y cuyos integrantes son todos autónomos en lo referente a facturación y asuntos del fisco.
La propiedad compartida de cualquier herramienta o instalación plantea otros problemas. Pocos cuidan igual un objeto suyo que uno comunal. Pero tampoco tiene sentido que cada uno de nosotros tengamos en casa un taladro o una aspiradora, cuando la mayor parte del tiempo están ocupando su espacio en algún armario. Hay que volver a la pequeña propiedad compartida entre personas allegadas, geográficamente próximas. El mantenimiento del taller, las herramientas o lo que se posea en común se llevaría a cabo por turno: cada uno o una tiene que dedicar un tiempo a limpiar, mantener y reparar el material, adquiriendo con ello conciencia de la necesidad de cuidarlo.
El factor humano es decisivo en la estabilidad de la propiedad compartida, por lo que entre las personas del grupo ha de existir un trato de amistad, lo cual puede exigir a veces un esfuerzo, que seguramente bien valdrá la pena. El otro camino, conseguir las cosas por uno mismo, es bastante más laborioso.


Otro problema de la economía interpersonal es el de la facturación. ¿Como ha de pagar un cliente un trabajo hecho por un equipo de muchos autónomos ? Siendo consecuentes, el cliente ha de pagar directamente a cada trabajador lo que se acuerde entre ambos, o entre un portavoz (o coordinador) del grupo y el cliente. El documento-factura puede ser único, y en él se especifica lo que el cliente ha de pagar a cada trabajador.


El jefe
Hemos nombrado la palabra coordinador. Nos recuerda la figura del jefe...justamente lo que queríamos evitar. ¿ Es necesario un jefe, en ocasiones ? Sí, en grupos donde la organización de recursos y personas es crítica, como por ejemplo en los servicios de urgencia. ¿ Cómo se puede evitar en este caso el trato arbitrario de un jefe ? ¿ Cómo ha de ser la estructura para no frustrar la expresión individual, minimizar los roces entre personas, y maximizar la eficacia ?. Los grupos que realmente necesitan una organización precisa, han de basarla en el conocimiento, en la sabiduría, en la experiencia. El jefe es aquel que ha de decidir, en momentos críticos, donde no hay tiempo para la reflexión, las acciones a emprender. Un jefe sabio, humano, que conozca la manera de mejor organizar, y que no sea avaricioso. Un jefe de oficio, un profesional de una disciplina actualmente inexistente. Un jefe elegido por el grupo, conocido personalmente por todos en profundidad. Para ello el grupo ha de ser pequeño, sin niveles de jerarquía intermedios, y sin que exista interferencia de políticos por medio. Las personas no han de sentirse obligadas a pertenecer al grupo: debe existir una alternativa.
Todo esto suena también muy utópico. En cualquier caso no funcionará sin que cada individuo conozca bien su oficio. Tolerar a un superior irracional es, a veces, sólo cuestión de falta de conocimiento y experiencia.


La técnica
En toda esta discusión, parece que nos hemos olvidado de un pequeño detalle. Se trata de la tendencia generalizada a lo complejo, particularmente en el terreno de la ciencia y la técnica.
Observemos la gráfica. Describe la relación porcentual de empresas españolas de menos de 20 trabajadores con respecto al total, en diferentes sectores. Vemos que hay ciertos sectores donde más del 90% son empresas pequeñas. En otros, los que requieren grandes infraestructuras y recursos, este porcentaje es inferior al 60%. Aunque el período que abarca la gráfica no es suficiente para hacernos una idea de la tendencia, la relación de empresas grandes crece en algunas áreas.
El mundo tecnológico se hace tan complejo que las empresas pequeñas quedan excluidas de ciertos sectores. ¿Podemos pretender, en una economía de persona a persona, mantener esta complejidad creciente ?. Sí, por supuesto. Sólo es cuestión de trabajar en equipo; que el equipo esté formado por empleados o por autónomos no importa. Es cierto, la motivación será diferente; actualmente, los proyectos grandes se deciden en las altas esferas empresariales y políticas, y se imponen a aquellos que los han de realizar. Un equipo de autónomos no será tan maleable. La motivación deberá nacer dentro de cada persona.
Un ejemplo. La red informática pública internacional Internet permite poner en contacto a personas de muchas partes de la Tierra. A través de esta red se pueden organizar proyectos gigantes, sin que exista ningún tipo de jerarquía. Ya se está haciendo. Las redes informáticas no serán una solución igualitaria hasta que todas las personas del globo tengan acceso a ella y puedan compartir toda la información disponible, pero, por el momento, no deja de ser un instrumento interesante.


Lo público
Hablando de grandes empresas, no podíamos dejar de nombrar a la más grande: la empresa pública (Gobiernos, Administración, ayuntamientos). Apliquémosle el mismo principio: disgregación de las grandes organizaciones en personas autónomas formando equipos pequeños, con una interrelación basada en hechos, sabiduría, conocimiento, experiencia. Nunca nos desharemos de la alienación, corrupción, injusticia, desigualdad, si mantenemos este mastodonte que es la empresa pública y no lo reducimos a su mínima expresión eficaz.


Conclusión
Economía de persona a persona; abolición de grandes organizaciones; trabajo autónomo o en grupos pequeños; propiedad compartida; relación plana entre todos, sin jerarquía. Son las propuestas que han ido apareciendo en el texto. También se respira la necesidad de un nuevo tipo de organización, una forma de coordinación para realizar proyectos complejos, no basada en una dirección política ni económica, no ejercida por seres verticales.
¿ Artesanía o industria ?. Como hemos visto, la contestación a esta pregunta resulta ser mucho más complicada de lo que parece. Necesitamos un cambio radical en la sociedad y la mentalidad de las personas para que se adopte la única respuesta que es compatible con las personas y con la Naturaleza: la Artesanía, la pequeña escala. Gráfica: NAN 94, Cetesa, 1993, datos del INE.


Articulo aparecido en el boletin GEA 15, de otoño de 1995
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