¿ Artesanía o industria ? una reflexión sobre las empresas actuales
R. Veen, 7/95


Una reflexión acerca de las empresas actuales Intuitivamente no tenemos ninguna duda. La actividad artesanal imprime una huella humana, cálida, en su obra, que contrasta con el frío, impersonal carácter del artefacto industrial. Pero la artesanía, el trabajo a pequeña escala, lucha contra el poder de la escala grande, las fábricas, las grandes organizaciones de distribución, la economía transnacional. Una lucha perdida, en muchos casos.


¿ Por qué es una lucha perdida ?. El dedo acusador se apresura a señalar a la tecnología. El fin de la fabricación artesanal se hace coincidir con la aparición de las grandes máquinas, en el comienzo de la Revolución Industrial. Pero la tecnología sin la mano humana detrás se nos aparece como lo que es: una herramienta. Una herramienta demasiado potente para nuestro carácter aún demasiado animal.


En este artículo vamos a intentar contestar la siguiente pregunta: ¿qué tamaño es el más adecuado para una empresa ?. Diariamente constatamos que el carácter humano se pierde en la complejidad de las grandes organizaciones; que las grandes empresas se mueven principalmente por dinero y que son capaces de una crueldad extrema para con sus empleados, el medio ambiente y sus mismos clientes y proveedores. No es precisamente lo que estamos buscando.


Sin embargo, son las grandes empresas u organizaciones las que tienen los recursos para realizar los también grandes proyectos de investigación y desarrollo, sin los cuales no se concibe el progreso en medicina y agricultura, por ejemplo. ¿O sí ?.
Por otro lado, nos maravillamos ante piezas de artesanía hechas a mano, o ante el sabor de los frutos de un pequeño huerto. Y vemos que la economía ha cogido justo el rumbo contrario.


Lo grande
¿ Por qué esta tendencia a lo grande?. Me inclino a pensar que la razón es sencilla: el animal humano se aprovecha de cuantas circunstancias puede para ser el jefe de la manada, como ocurre con tantos otros animales. Intenta someter al máximo número de individuos posible. Y hoy disponemos de una tecnología muy potente que le puede ayudar en este empeño. Poco a poco se ha ido instituyendo una forma de empresa, amparada por la ley y considerada totalmente justa, en la que unos pocos se erigen en autoridad de unos muchos. Si recordamos los latifundios, que existen desde hace siglos, la situación no ha cambiado tanto. Sin embargo, a muy pocos se les ocurre cuestionar la estructura de las sociedades anónimas actuales, por ejemplo.


El individuo y el grupo
La organización social y económica gira entorno a grupos. Grupos de personas que forman empresas, organismos oficiales, partidos políticos, etc. Estos grupos adquieren vida propia, son las células que forman el organismo de la Humanidad. Los individuos, las personas, forman parte de la sociedad en tanto componentes de uno u otro grupo. Como individuos aislados no tienen poder, no ejercen influencia; son pasto de un sistema salvaje que diluye toda expresión personal.
En un mundo hostil, las personas tienden a agruparse. Siempre ha ocurrido así. Sólo sorprende una cosa: que siga siendo hostil, después de tantos milenios de civilización. Las personas siguen compitiendo. Con el paso del tiempo esta situación no ha mejorado. Al contrario, vemos cómo en los núcleos urbanos la concentración humana produce stress, agresividad y, como consecuencia de ello, una mayor competitividad entre individuos. ‘Competitividad´, esa palabra tan de moda entre políticos y empresarios. No saben que están hablando de barbarie.
Que las personas tiendan a formar parte de grupos no implica que esto sea lo mejor para ellas. Esta inclinación puede ser fruto de la necesidad o, también, del miedo. En la Naturaleza, al hacerse los organismos complejos, los tejidos, órganos y células se especializan. Cuanto más complejo es un sistema, más crítico es el funcionamiento de cada uno de sus elementos, menos se puede desviar de su camino, y más estrecho se hace este camino. Lo mismo se aplica a los grupos humanos. Cuanto mayor es el grupo, menor diversidad tolera a sus componentes. La persona que se une a un grupo pierde parte de su individualidad, parte de su autonomía, de su independencia. Si la pertenencia al grupo es obligada, aparece la alienación, la esclavitud, en el momento en que los objetivos y costumbres del individuo difieren de los del grupo.
Las grandes empresas son la antítesis de la expresión individual. Como ya se ha dicho, el camino o función del individuo dentro de un grupo grande se estrecha, el margen de libertad se reduce. Si un individuo ‘pertenece´ a una gran empresa, no por gusto, sino por falta de mejores oportunidades de trabajo, se produce la alienación, la frustración que resulta de la diferencia entre la visión individual y la de la empresa. Se trata de un caso corriente, pero ¿ por qué ?. Porque la empresa no le brinda suficiente libertad, suficiente espacio vital para expresarse. ¿ Y para qué queremos libertad o espacio vital ? . La respuesta es que no se trata de un deseo, sino de una necesidad: toda persona que no exprese su carácter con cierta libertad, reacciona manifestando agresividad, enfermando, etc. La libertad es una necesidad animal, y nuestra reacción a la privación de libertad es también animal, moderada sólo levemente por la razón.
Sería ingenuo creer que las pequeñas empresas, y las personas que las forman, son independientes en sus decisiones y actos. También ellas se sitúan en el mismo entorno restrictivo formado por un mercado en mutua competencia, saturado de imposiciones legales. Están igualmente sujetas a la estructura jerárquica, que permite que las dirija un individuo incompetente o con poca vocación humanitaria. Pero este hecho no invalida la idea anterior de que las personas se expresan mejor cuanto más pequeño es el grupo. En una empresa pequeña, la tarea de cada persona suele ser menos especializada y definida, y existe aún cierta flexibilidad. Autoritarismo, democracia, conocimiento
Son tres formas distintas de coordinar un grupo. El autoritarismo es el dominio de una minoría sobre una mayoría; las opiniones de unos pocos son impuestas a los demás. La democracia es el dominio de la mayoría sobre el conjunto, en el que las opiniones generalizadas son adoptadas por todo el mundo. La búsqueda de acuerdo entre las personas sobre la base del conocimiento es la tercera y más difícil de las formas.
En los países democráticos, cada una de las tres formas expuestas tiene su ámbito propio de aplicación. La democracia es, evidentemente, la forma de gobierno del país. La dominación autoritaria encuentra su espacio en empresas e instituciones públicas, donde los empleados acatan las órdenes del superior (libremente... bajo pena de despido, cambio de función, etc.). La comunidad científica es la que más emplea la tercera forma, basada en el conocimiento.
¿ Es la dominación autoritaria la forma más eficaz de conseguir un objetivo empresarial ?. La contestación es fácil: la opinión de una persona que no sea verdaderamente sabia no puede competir en eficacia con el resultado de un estudio profundo, sistemático del problema que hay que resolver, ni puede ignorar la visión de aquel que experimenta y vive el problema en el mundo real, a ras de suelo. Y si alguien pretende convencernos de que es verdaderamente sabio, podemos estar seguros de que no lo es.


¿ Es siquiera tolerable la dominación autoritaria en las empresas ?. Veámoslo.


Jerarquía
La expresión individual en los grandes grupos es difícil, pero hay una característica que la dificulta todavía más: la jerarquía. En los grupos siempre se acaban formando relaciones de poder entre individuos, generalmente en forma piramidal, con pocos individuos con mucho poder y viceversa. En el caso de las empresas, no es que se acabe formando una estructura de poder, sino que nacen con ella. La legislación entiende que la jerarquía es el fundamento de casi todas las empresas. Y jerarquía significa reparto desigual de poder, o, dicho de otro modo, de poder de expresión individual. No es necesario discutir si este reparto desigual tiene una base justa o no para concluir que, como consecuencia de ello, en las empresas grandes la mayoría de individuos trabaja de forma alienada.
La venta de empresas es un ejemplo de lo absurdo que puede llegar a resultar la estructura jerárquica: actualmente se venden las empresas, con trabajadores incluidos, como si de objetos se tratara.
Otro aspecto de la jerarquía, del poder, es que atrae antes a individuos con carácter competitivo (vertical, podríamos llamar), que a aquellos con carácter cooperativo (horizontal, diríamos). La excepción es que los grupos se formen alrededor de una persona que no aspire a estar por encima de nadie, y que permita la participación de cada individuo. El carácter competitivo, de lucha continua, se transmite desde arriba, desde la cúpula de poder, hacia abajo, y acaba impregnando el ambiente de toda la empresa. La lucha es intranquilidad, y ésta lleva a la ineficacia, entre otras cosas.


Conclusión
En este artículo he pretendido fundamentar, mínimamente, mi preferencia por lo artesano, por lo humano, por la pequeña escala. El hilo argumental ha sido el siguiente. Las personas necesitan libertad de pensamiento y de acción, de expresión, en ausencia de la cual se produce frustración, stress, agresividad. Para ello, cada individuo necesita un espacio vital, en sentido amplio; un lugar, un tiempo, una forma de expresar su personalidad diversa. El individuo deja de ser persona cuando se le constriñe a un margen de acción que no cubre sus propios ideales y objetivos. En general, la persona es menos persona y más máquina cuanto mayor es la empresa para la cual trabaja; más difícil llega a ser que una iniciativa particular llegue a realizarse. El trabajo resultante es tanto menos humano en la misma medida. Baja, por supuesto, el rendimiento personal; disminuye la calidad, con lo que cada vez se necesitan más reglas para mantenerla; y desaparece el toque humano del producto resultante. Desaparece lo vital.


¿ Cual es el grado de esclavitud o alienación tolerable ? El grado de libertad a que todo ser humano tiene derecho es aquel que no afecta a la libertad de otro ser humano. ¿ Cual es entonces el tamaño ideal de una empresa? La respuesta es contundente: aquella que esta formada por 1 persona. Esto significaría la desaparición de las empresas como entes jurídicos, la desaparición de sus estructuras de jerarquía duraderas. No se podría hablar ya de empresas. Se entendería el trabajo como algo intrínseco a la existencia de la persona, no necesitado de una estructura legal para su realización. La organización de varias personas, necesaria para acometer proyectos extensos, tendría una ‘nueva vieja´ forma: la de una red. Los grandes logros, después de todo, no son consecuencia de los planes de inversión de las empresas, sino de la creatividad de muy pocas personas .
Una red se puede definir como un conjunto no estable de personas interrelacionadas que trabaja en uno o más proyectos, tantos como desee, y que, posiblemente, pero no necesariamente, utilice la tecnología que permite que los o las participantes estén en cualquier parte del globo. La creación de una red es dinámica; basta el simple deseo de un grupo de personas. Las transacciones comerciales son de persona a persona. Y siempre sobre la base de la compartición, del espíritu abierto.
Esta forma de economía interpersonal no está exenta de problemas, cuyo análisis dejamos para un artículo próximo.


Articulo aparecido en el boletin GEA 14, de verano de 1995