Sábado, 24 junio 2000
Campos
Electro-Magnéticos y Salud: Estado actual.
C.Gómez-Perretta
y M. Portolés Sanz
Centro Investigación, Hospital Universitario LA FE
46009 Valencia
email: gomez_cla@gva.es
La exposición actual a los campos magnéticos bajo diversas fuentes
de energía interesa no solo a los profesionales sino cada vez más
a una gran parte de la población preocupada por conocer sus posibles
efectos sobre su salud.
Esta nueva exposición no puede ni debe compararse con la sufrida hasta
ahora y debida fundamentalmente al campo magnético de la tierra que
es de origen estático e inocuo para nuestro organismo, por no proceder
de cargas en movimiento(electricidad).
Además, la corriente utilizada generalmente por la industria es alterna
en vez de continua con lo que el nivel de percepción o intensidad mínima
de corriente que el ser humano es capaz de detectar es menor. Este valor es
muy subjetivo, oscilando entre 10 microamperios (que daría lugar a
un CM de 0.5 microteslas) y 0.5 miliamperios para alterna y entre 2 y 10 mA
para continua. Además, es importante mencionar que desafortunadamente
los umbrales más bajos de percepción se dan precisamente para
las frecuencias de las líneas industriales (50-60 Hz).
Sin embargo, los límites de exposición recomendados por la OMS/NHMRC
en un principio se establecieron en función de los efectos INMEDIATOS
que sobre la salud pudieran inducir CE o CM externos. Estos límites
se corresponden con las densidad de corriente que son generalmente en el límite
de los CEM generados por nuestro propio organismo por encima de 10 miliamperios.
Según este criterio se establece en 0.5 militeslas el umbral de afectación
que correspondería con una intensidad de corriente entre 1 y 10 miliamperios.
Sin embargo, si tuviéramos que utilizar el concepto de nivel de percepción
mínimo tendríamos que adoptar un criterio 1000 veces menor de
umbral tolerable y admitir como 0.5 microteslas el valor de CM como valor
de exposición aceptable, al menos para personas de máxima sensibilidad.
Pero cual sería el nivel aceptable de tolerancia para un individuo
en gestación y/o en niños o adolescentes ¿? Por desgracia,
mientras se proteje laboralmente y socialmente a la mujer embaraza de las
radiaciones ionizantes(Rayos X...) no sucede lo mismo con las no ionizantes.
Multitud de utensilios profesionales y domésticos generan importantes
CM a su alrededor. Desde un secador de pelo hasta un aparato de magnetoterapia
pueden asociar un CM que exceden los 100 uT y cuya efecto teratogénico(riesgo
para el feto) ha sido valorado en algunos estudios. Así, Juutilainen
et al.1993 llegaron a la conclusión de que las mujeres expuestas a
CM de origen doméstico durante su gestación con intensidades
superiores a 0.63 uT tenían más riesgo de aborto que aquellas
mujeres expuestas a un CM inferior a 0.13 uT.
Previamente, Delgado et al. 1983 describieron como se detenía la embriogénesis
de un embrión de pollo cuando se le exponía a un CM de 1 uT
de 100Hz de frecuencia. domésticoy , por ejemplo ? En resumen, niveles
poco significativos para algunos pueden ser determinantes para otros. Por
ejemplo, los estudios de Green et al, 1999 establecen una mayor asociación
entre CM y riesgo de leucemia en función de la edad. De esta forma,
los más jóvenes serían en principio más vulnerables.
Además, la falta de sintomatología propia que pueda relacionar
la exposición a CM con una enfermedad específica hace que el
diagnóstico por parte del clínico sea más complicado,
sobretodo si por desconocimiento no puede lógicamente llegar a pensar
en tal posibilidad. Por ejemplo, desde 1966 se conoce la existencia de la
enfermedad de las radiofrecuencias o síndrome de los microondas a partir
de la aparición de unos síntomas en trabajadores de bases militares
expuestos crónicamente a hiperfrecuencias que son la base de la telefonía
móvil actual. Dichos síntomas son comunes a cualquier otra alteración
funcional debida a múltiples causas y solo la aparición de estos
signos en una población determinada y médico-laboralmente controlada
pudo orientar eficazmente su causalidad. Sin embargo, esta dolencia distribuida
en el conjunto de la población y debida a cualquierfuente de radiación
EM es difícilmente identificable no solo por el sujeto afectado sino
por su médico desconocedor de esta nueva sindromología. Diversas
hipótesis apuntan sobre la glándula pineal como una de las explicaciones
más plausibles. Se conoce que la exposición crónica puede
alterar la liberación de su hormona melatonina responsable de los ritmos
biológicos a nivel de sistemas u órganos como el cerebro,corazón,endocrino..,inhibición
de la peroxidación favorecedora del envejecimiento...e incluso activación
del gen supresor de las formación de tumores p 53. Por lo tanto, una
disminución de la melatonina puede jugar a corto y largo plazo un papel
crucial en la aparición de enfermedades neurológicas, cardiológicas,
inmunológicas o mayor vulnerabilidad frente a los agentes infecciosos
además de favorecer la aparición de tumores. Por ejemplo, recientemente
la revista Journal of Sleep Research (1) publicaba un trabajo realizado en
humanos demostrando que la hormona melatonina, producida por la glándula
pineal, disminuía cuando se conectaba una fuente de radiación
de un microtesla y se recuperaba cuando ésta se apagaba. El experimento
de por sí concluyente no lo hubiera sido tanto si esto no hubiera sido
correlacionado con una disminución objetiva mediante EEG de la calidad
del sueño de los sujetos sometidos a la radiación EM.
Por otro lado, desde los trabajos de Wertheimer y Leeper (2) se baraja la
posible asociación entre la exposición crónica a los
CEM y diversas enfermedades como por ejemplo el cáncer.
Los trabajos(3,4) del Instituto Karolinska de Estocolmo(Suecia) han puesto
de manifiesto que existe un riesgo de contraer leucemia cuando el CM al que
están sometidos crónicamente los niños supera los 0.2
microteslas. Riesgo que aumenta a medida que lo hace la magnitud del CM.
De esta forma, se puede hablar de asociación o riesgo moderado en el
caso de 0.2 microteslas y de elevado cuando sobrepasa los 0.3 microteslas.
Este estudio, publicado en el "American Journal of Epidemiology"
en Octubre de 1993 realiza cuatro medidas del CM durante cinco minutos cada
una no solo donde vivía cuando se diagnosticó su leucemia sino
en todas las anteriores de tal forma que obtiene un promedio de CM medio de
exposición. Sin embargo, otros estudios famosos como el de Martha Linet(5)
publicado en el New England Journal of Medicine no tuvo en cuenta exposiciones
anteriores a los cinco años desde el diagnóstico de la enfermedad
basándose en que no existe evidencia de que una baja CM pueda inducir
efectos genotóxicos. Es decir, que como no hay datos de que estas
bajos CM produzcan daños en el genoma es improbable para estos autores
afirmar que un niño expuesto a los CM solo en su infancia pueda sufrir
un cáncer con posterioridad.
Pero lo que más nos llama la atención es que este artículo
utilizado como exponente de la negatividad de relación entre CM y cáncer
no es totalmente rotundo en esa aseveración. Así, admite que
no puede excluir la posibilidad de riesgo, aunque habla de pequeño
cuando el valor del C
pueda exceder los 0.5 microteslas( pagina 6, primer párrafo).
En resumen, y solo con respecto a las leucemias en niños, existen al
menos 11 trabajos que asocian estadísticamente la exposición
crónica a CM y dichos cánceres mientras que otros 6 si incluimos
el de Linet no encuentran esa clara asociación. Una explicación
plausible viene dada por Green y colaboradores en un reciente artículo
publicado en la revista Cancer Causes and Control en 1999(6) donde evidencia
que una posible explicación sobre la disparidad encontrada puede deberse
a aspectos metodológicos. Así, observa que cuando se realizan
medidas continuas del CM con un dispositivo capaz de medir la magnitud del
CM colocado permanentemente en el niño los resultados evidencian una
mayor asociación entre exposición a CM y leucemia que cuando
se efectúan medidas puntuales. Y además la evidencia es más
constatable para CM superiores a 0.3 microteslas. De aquí que se podría
deducir que si los trabajos anteriores hubieran utilizado este dispositivo
de medida la asociación hubiera sido probablemente más evidente.
En resumen, creemos que las recomendaciones de los organismos tales como el
NIEHS y la OMS de extremar la precaución no están encontrando
el respaldo de la sociedad en su conjunto, desde los propios afectadoshasta
los organismos competentes. Solo los muy avezados conocen que hay que alejarse
lo más posible de los CM, ya sean líneas o fuentes de emisión
como móviles, pantallas de TV, ordenadores, transformadores...
Además, la industria y por desgracia algunos centros públicos
pero con vinculación privada emiten constantemente comunicados que
tachan incluso de irracionales o alarmistas las noticias que alertan de la
necesidad de tomar adecuadas medidas de precaución. En este caos de
mentidos y desmentidos, de falta de más estudios epidemiológicos
y de rumores e histerismos nos movemos en la actualidad. Esta situación
favorece aún más la alarma social, llegándose a producir
situaciones extremas y encontradas entre los partidarios de ambos planteamientos.
Wertheimer
N, Leeper E. Electrical wiring configurations and chidhood cancer. Am. J.
Epidemiology, 109:273-284. 1979.
Feychting M.; Ahlbom A. Magnetic fields and cancer in children residing near
swedish high voltage power lines. Am J. Epidem. 7:467-481, 1993.
Ahlbom A. et al. Electromagnetic fields and childhood cancer . Lancet
343: 1295-1296, 1993.
Akerstedt T, Arnetz B, Ficca G, Paulsson L, Kallner A. A 50-Hz
electromagnetic field impairs sleep J. Sleep Res. 8, 77-81. 1999
Linet M,Hatch E, Kleinerman R, Robison L, Kaune W, et al. Residential
exposure to magnetic fields and acute lymphoblastic leukemia in
children. The New England J. Of Medicine 337: 1-7, 1997
Green L, Miller A, Agnew D, Greenberg M, Li J. Childhood leukemia and
personal monitoring of residential exposures to electric and magnetic
fields in Ontario, Canada.
Cancer Causes and Control 10: 233-243, 1999