Los Campos Electromagnéticos de las líneas de Alta Tensión

Ponencia presentada por GEA a cargo de Luis Martín, en el Centro Superior de Investigaciones Científicas el 20 de enero del 2000

Antes de empezar quiero comentar un detalle bastante significativo de cara a la polémica que este asunto está planteando, la asociación de Estudios Geobiológicos (GEA), a la que esta noche represento, es una Asociación sin ánimo de lucro, y que desde el año 1.991 que se fundó viene realizando una labor divulgativa sobre los distintos aspectos que intervienen en la calidad de vida del ser humano y el planeta en el que vivimos. La fuente de financiación de GEA es la aportación que hacemos anualmente los socios, y no estamos condicionados por ninguna ideología política. Somos un grupo de personas que podemos expresar libremente nuestra opinión.

Voy a presentar una serie de observaciones y estudios realizados sobre los efectos negativos para la salud de los campos electromagnéticos (CEM). He escogido algunos de los mas documentados, y los he ordenado cronológicamente. También he escogido estudios llevados a cabo en diferentes países europeos y en Estados Unidos.

Las primeras llamadas de alerta se dan en el año 1.972, cuando algunos de los científicos de la entonces Unión Soviética observan extrañas alteraciones en los trabajadores del sector eléctrico expuestos habitualmente a niveles altos de CEM. Estos trabajadores presentaban alteraciones continuas de la tensión alterial, cefaleas persistentes, fatiga excesiva, estrés y depresiones agudas.
Años mas tarde, en 1.979, se realizó uno de los primeros estudios epidemiológicos, bajo sospechas de los riesgos para la salud que podían conllevar los CEM. Este estudio fue llevado a cabo en Denver (Colorado) por los Dres. Nancy Wertheimer y Ed Leeper. Verifican que hay un aumento entre dos y tres veces mayor de muertes por cáncer entre los niños que vivían cerca de líneas de alta tensión (AT).

En Noviembre del año 1.986, el Dr. David Savitz, de la Universidad de Carolina del Norte, comunicó los resultados de un estudio que formaba parte del Proyecto de Líneas de AT del Estado de Nueva York. En este estudio se confirman los datos obtenidos por Wertheimer y Leeper, apareciendo una incidencia mayor de cáncer y leucemia en niños asociada a exposiciones a CEM superiores a 2,5 miliGaus (mG). En el informe del Dr. Savitz dirigido al Departamento de Salud del Estado de Nueva York, se afirma: “que el estudio apoya como conclusión un vinculo entre la exposición a CEM y el riesgo de cáncer”.

En el año 1.992 se lleva a cabo uno de los estudios más concluyentes sobre la relación de los CEM generados por las líneas de AT y el riesgo de padecer cáncer y leucemia por las personas que viven en su entorno. Lo llevan a cabo los científicos María Feychting y Anders Ahlbom del Instituto Karolinska de Estocolmo.

Cito una declaración jurada que tengo en mi poder, y pongo a disposición del que la requiera. “El objeto del presente estudio era verificar la hipótesis de que la exposición a los campos magnéticos del tipo que generan las líneas de AT, aumenta la incidencia del cáncer. El estudio se diseño como un estudio de control por casos, basado en una población que comprendía todos aquellos que hubiesen vivido en casas situadas dentro de un radio de 300 metros de líneas suecas de AT de 220 a 400V, en un periodo desde 1.960 a 1.985”.

Se estudiaron a medio millón de personas. Y en los resultados que obtuvieron fueron rotundos: “Los resultados proporcionan una base para la hipótesis de que la exposición a los campos magnéticos aumenta el riesgo de cáncer. Ello resulta especialmente evidente en la leucemia infantil”.

Los datos que se mencionan son los siguientes: “En la leucemia infantil, y con puntos de interrupción en 0,1 y 0,2 microTeslas (MicroT), el riesgo relativo (RR) aumentó en los dos niveles de exposición y se estimó en 2,7 para 0,2 MicroT en adelante. ... En los adultos, y para campos magnéticos de 0,2 (T en adelante, el RR de leucemia mieloide aguda y leucemia mieloide crónica se estimó en 1,7”.

Otro estudio danés, realizado por el Dr. Jogen H. Olsen, en el año 1.992, encontró un aumento de riesgo de leucemia infantil, linfomas y tumores cerebrales, cinco veces mayor en niños que vivían cerca de líneas de AT expuestos a CEM de 4 mG.

Hay cientos de estudios de laboratorio que han mostrado una relación entre los CEM y las alteraciones de la salud. Pero la estrategia de la Industria y de la Administración es argumentar que no se puede probar que exista un riesgo sobre la salud derivado de la exposición a CEM hasta que no se conozca exactamente el mecanismo de cómo los CEM producen cáncer, leucemia y otras enfermedades. Y citando al Dr. en Medicina y Cirugía J. Ignacio Orive, de Madrid: “Lo que la Industria y la Administración no citan es que treinta años después de haber probado la Epidemiología que el amianto es un potente agente cancerígeno, los científicos todavía no saben el mecanismo a través del cual la inhalación de fibra de amianto produce cáncer de pulmón. Tampoco saben cómo el humo del tabaco reacciona en el tejido pulmonar para producir cáncer, o cómo el pesticida DDt actúa en el tejido mamario para dar lugar al cáncer de mama. Si las autoridades sanitarias hubieran tenido que esperar hasta tener un conocimiento completo de los mecanismos carcinogenéticos de estos agentes, no habría ninguna legislación sobre la exposición a estas sustancias, no existirían las advertencias sobre los peligros del tabaco y se seguiría utilizando el DDT como pesticida”.

El último reconocimiento oficial de los riesgos para la salud de los Cem se encuentra en un informe del Consejo Nacional sobre Protección de la Radiación de los Estados Unidos, patrocinado por la Agencia de Protección Medioambiental y escrito por 11 expertos americanos en CEM. Bob Edwards, en el numero de octubre de la revista New Scientist, escribe que el informe recomienda un limite de seguridad de 2 mG (0,2 MicroT).

En Italia se ha propuesto también una directiva similar que data del año 1.995. La directiva emana del Laboratorio de Física del Instituto Nacional de la Salud, y propone reducciones a 1 mG y 5 mG la exposición residencial y ocupacional, respectivamente.
La Organización Mundial de la Salud, inició a principios de 1.996 un estudio a cinco años, con un presupuesto de 3,3 millones de dólares, para investigar los efectos de la exposición ambiental y ocupacional a los campos eléctricos y magnéticos.

Creo que lo que hasta aquí expuesto nos puede hacer pensar que; como dice el refrán: “cuando el río suena es que agua lleva”. Por ello, la mas elemental norma de sentido común nos invita a “evitar prudentemente” la exposición prolongada a CEM de valores superiores a los 2 mG ya mencionados, sobre todo en las horas de descanso nocturno, que es cuando mas vulnerable somos.

Mis conocimientos como Ingeniero Técnico en Electricidad me llevan a la conclusión que los CEM generados por la corriente alterna, inevitablemente van a interferir en el funcionamiento de las débiles corrientes bioeléctricas que circulan por nuestro organismo.

A nivel industrial nos cuidamos mucho de que no discurran señales eléctricas débiles bajo la influencia de tensiones eléctricas mas elevadas, para que no se produzcan corrientes inducidas, que alteren las señales débiles. Por ello creo honradamente que se han de tomar las medidas adecuadas para que los CEM generados por cualquier conductor que transporte corriente alterna, no influyan y alteren el buen funcionamiento bioeléctrico del cuerpo humano.

Dado que existe un maremagnun de datos que se esgrimen con diferentes intereses, creo oportuno recomendar la lectura pausada y critica de lo publicado, y que cada uno saque sus propias conclusiones.