Alteraciones
por factores patógenos externos
por
© Dietrich M. G. Ross y
maria C. Pagliari Ross
En este artículo se exponen los experimentos realizados para investigar la naturaleza de la información recibida por los sensores biológicos, así como la interpretación de los datos obtenidos.
El agitado
y febril ritmo de actividad del mundo de nuestros días, con sus conquistas
del espacio, la robotización del hombre, el empleo de la energía
nuclear y otros adelantos científicos y técnicos, ha postergado
el cuidado de diversos factores elementales. Pero, en años recientes
se ha retomado conciencia cierta del acecho de los peligros, que emanan de
la fatídica contaminación de los ambientes y de la despiadada
agresión a nuestras fuentes naturales de subsistencia o sea nuestra
riqueza ecológica. Felizmente, se ha iniciado ahora la lucha por la
preservación de estos valores con plena responsabilidad hacia nuestra
descendencia.
Esta campaña de salvación, por denominarla así, ha inducido
a la vez a realizar y difundir estudios más detenidos sobre las influencias
que para el hombre ejercen los fenómenos cósmicos y ambientales.
Se está redescubriendo -lo que para civilizaciones anteriores y aún
para nuestros antepasados era perfectamente conocido- la vigencia que tienen
para la salud y el bienestar las radiaciones cósmicas, las telúricas
y las ambientales.
Consideramos necesario, que se divulguen los conocimientos de estas investigaciones,
por cuanto las fluctuaciones geo-electromagnéticas y alteraciones de
otra índole, están aumentando en forma muy llamativa. En el
Universo existen cuatro fuerzas o energías básicas con sus funciones
específicas: La gravitatoria, la débil, la electromagnética
y la fuerza fuerte.
La primera y la segunda son universales, actuando sobre toda clase de partículas,
el electromagnetismo tiene influjo directo sobre las partículas dotadas
de cargas eléctricas, mientras que la fuerza fuerte sólo actúa
sobre los quarks. - Así lo cita R.R. Wilson en su trabajo "La
próxima generación de aceleradores de partículas".
Como se ve, el electromagnetismo es una de las energías básicas
del Universo. El hombre, al igual que todos los seres viventes, está
dotado de un complejo sistema electromagnético. En cada una de sus
células se forma un dipolo eléctrico entre el núcleo
y la membrana, vital a su vez para el mecanismo nutritivo bioquímico.
El físico francés Cardin, Premio Nobel, investigó la
carga eléctrica negativa de los glóbulos rojos de la sangre
o sea de los eritrocitos.
A su vez, el físico sueco von Alfven, también Premio Nobel,
descubrió en 1942 la existencia de ondas electromagnéticas en
líquidos conductores, bautizadas en su homenaje con el nombre de "ondas
Alfven".
El potencial de estas ondas Alfven, presente en el suero sanguíneo,
se encuentra en contraposición con el potencial eléctrico de
los eritrocitos. Estableciéndose de esta manera un equilibrio entre
ambas energías.
Estas y otras determinaciones demuestran bien a las claras, que los seres
vivientes poseen y necesitan para su existencia energía electromagnética.
Arthur C. Guyton, profesor de la Universidad de Mississipi, destaca en forma
exhaustiva la importancia del bioelectromagnetismo en su excelente obra "Tratado
de Fisiología Médica", traducida al idioma castellano por
la editorial Interamericana.
En cuanto a las incidencias externas de significación para el organismo
humano -tema específico de estas consideraciones- deben mencionarse
el magnetismo terrestre y aquellas radiaciones cósmicas, que en parte
son absorbidas y en parte rebotadas por la tierra.
Además, el hombre diariamente está expuesto a las influencias
cósmicas provenientes del sol, la luna, los planetas y de galaxias.
Según datos del Instituto de Investigaciones de Medicina Astrofísica
de Worringshofen, Alemania, cotidianamente caen sobre el organismo humano
2.000.000 de partículas cósmicas.
Los rayos ultravioletas, los rayos X, los infrarrojos, los efectos de los
así denominados "vientos" y "manchas" provienen
del sol.
La influencia planetaria sobre el campo electromagnético terrestre
y por ende también sobre el hombre es considerabIe, aumentando la electricidad
terrestre con luna llena y disminuyendo con luna nueva.
En cuanto a la ascendencia de los planetas, la misma es considerable. Según
el arriba mencionado Instituto, a Júpiter le corresponde el 19 %, a
Uranio el 10 % y a Neptuno el 5 %, para sólo citar algunos.
A ellos debe agregarse la incidencia de la "radiación de fondo",
provenientes de regiones extraplanetarias.
Se suma a este maremagnum de radiaciones, la contaminación tecnoeléctrica
por obra y arte del hombre. No es el caso, considerar aquí otros tipos
de contaminaciones, como ser la ambiental, la de aguas con residuos industriales,
etc.
Volviendo al tópico central, ha quedado firmemente establecido, que
el hombre posee su propia energía electromagnética y a su vez
requiere aquella natural de su medio ambiente, para poder subsistir o para
acrecentar energías.
Esto último acontece en ciertas zonas montañosas y en los bosques,
entre estos últimos especialmente los poblados por determinadas coníferas,
sin dejar de lado variadas aguas termales y tierras, cuyos baños y
compresas de barro respectivamente, son altamente beneficiosas.
Pero todo ello no obsta, de que el hombre continúe sometido a radiaciones
electromagnéticas y de otro origen, nocivas para la salud de él
y la de su descendencia.
Entre estos factores perjudiciales o peligrosos cabe citar:
l¼ Zonas y franjas geopatógenas naturales.
2¼ Franjas y radiaciones en ambientes cerrados.
3¼ Contaminaciones eléctricas.
A continuación serán tratadas en forma sintética.
1º Zonas y franjas geopatógenas naturales: Se dividen en
dos ramas: telúricas y ambientales o atmosféricas.
Las telúricas son las provenientes del subsuelo o interior de la tierra.
Estas a su vez pueden ser: a) emergentes de fallas geológicas, altamente
nocivas, de efectos letales por la emanación de radiaciones muy penetrantes.
Su ancho varía entre los 10 y los 50 o más metros. b) las que
se forman sobre cursos subterráneos de aguas circulantes, pemiciosas
por la emisión de radiaciones eléctricas y de neutrones térmicos,
entre otros factores. Se caracterizan por su recorrido sinuoso con un ancho
de 3 a 10 o más metros, bordeadas por franjas angostas a sus costados.
Párrafo aparte merecen las "columnas" geopatógenas,
zonas circulares de diámetro limitado, de efectos altamente pemiciosos.
No se las debe confundir con las radiaciones emergentes sobre pozos "negros",
es decir, cloacales.
Todas estas zonas o franjas conservan sus recorridos y característieas
en forma muy estable, evidenciando marcadas alteraciones geofísicas,
como por ejemplo, acentuada caída de la resistencia eléctrica
del suelo y del magnetismo, el cual de 0,4 Gauss suele bajar a 0,08.
Otras características son la elevación de la carga eléctrica,
la incrementación de haces de neutrones térmicos y de las radiaciones
infrarrojas, según constataciones del ingeniero alemán R. Endrös,
quien por encargo del gobiemo de su país realizó estas investigaciones.
Las zonas geopatógenas son particularmente peligrosas, cuando se edifica
sobre ellas.
Actualmente, en el país arriba mencionado y por disposición
oficial, no se pueden efectuar construcciones en áreas despobladas
sin una investigación previa de posibles zonas geopatógenas,
las cuales quedarán reservadas exclusivamente a espacios verdes, especialmente
adaptados.
En Europa, asimismo se investigó exhaustivamente el tema de las "rutas
de la muerte" o sea determinadas zonas de ciertas autopistas, donde con
frecuencia se producen accidentes graves y de manera inexplicable. Estos fenómenos
también se observan en nuestro territorio (Argentina).
Se logró establecer fehacientemente, que son resultado de franjas geopatógenas,
que corren por debajo o cruzan esos sectores fatídicos, provocando
alteraciones inmediatas en el funcionamiento de ciertas glándulas hormonales
de los conductores, quienes a causa de ello pierden el control de sus reflejos
nerviosos y por ende el de los vehículos que conducen. Estos estudios
fueron realizados de 1974 a 1978 con auspicio oficial por el ya mencionado
Ing. Endrös, el Prof. E. Lotz y colaboradores, en forma mancomunada con
la Universidad de Heidelberg.
Existen también zonas geopatógenas, ahora denominadas "geománticas",
que producen efectos euforizantes. Se las ha descubierto sobre las ruinas
de antiguos templos, como así también iglesias aún existentes
fueron construídas sobre estas zonas. Tal el caso de la Catedral de
Toledo y el Domo de Barcelona en España, la Abadía de Westminster
en Inglaterra, la Catedral de Chartres, la de Reims en Francia, el Domo de
Milán, el Domo de Pisa en Italia y muchas otras más en diversos
países. Es muy probable que se puedan hallar casos similares en América
Latina.
Las franjas ambientales o atmosféricas cubren en forma de mallado todo
el globo terráqueo, de posición vertical con respecto al suelo,
separadas aproximadamente dos metros; siendo su ancho entre los 40 y 60 cm
en situaciones normales. Su trazado va de norte a sur y de oeste a este.
En combinación con esta "red" cuadrangular, se presenta otra
de recorrido diagonal, denominada en homenaje a sus descubridores "Wittmann-Curry"
o simplemente "Curry", por cuanto se creía que esta red era
independiente de la anterior.
Recientes investigaciones demostraron, que la red de Curry es subsidiaria
de la red global, por lo cual ahora se la denomina directamente "red
diagonal".
Algunos investigadores definen este sistema de ondas como "sombras cósmicas",
por cuanto calculan que provienen de la ionosfera.
La energía básica de estas franjas se estima que es electromagnética,
a la cual van acopladas radiaciones de otro tipo.
Al igual que a las ondas de las radios y de los televisores, a estas franjas
tampoco las detienen las edificaciones.
En oportunidades, estas franjas ambientales desaparecen. totalmente por horas
y hasta días, por causas aún no concretamente establecidas.
Esta irregularidad queda reflejada también en los seres vivientes,
cuyas biorradiaciones en esas circunstancias se reducen en un 80 %, evidenciando
decaimiento con intensificación de ciertas dolencias.
Otras veces estas franjas ambientales se ensanchan notablemente con marcada
intensificación de su energía radiante, es el caso de tormentas
eléctricas y especialmente durante y después de movimientos
sísmicos, adquiriendo un ancho de hasta 3 o más metros, desplazándose
las ondas centrales de sus posiciones normales en hasta casi dos metros.
En todos los casos, la intensidad de sus radiaciones se acrecienta en forma
alarmante, lo cual también se trasmite a los seres vivientes, cuyas
biorradiaciones sobrepasan los límites normales, presentándose
en el ser humano nerviosismo, irascibilidad y agudizándose determinadas
dolencias.
Sintomatologías similares suelen observarse en los casos de fenómenos
atmosféricos conocidos como zonda, chorrillo, föehn, etc.
De ello puede deducirse fácilmente, que estas variantes electroatmosféricas
impactan en el ser humano.
En campo abierto, las franjas de la red global y de la diagonal no poseen
acción geopatógena con gran frecuencia, pero sí existen
y se las debe tener en cuenta.
Además existen unas "bandas horizontales", que circulan desde
1 metro hasta 1,80 metros encima del suelo con un ancho normal de 7 a 9 metros,
variando éste inversamente al ancho de las franjas de la red global,
es decir, cuando el ancho y la intensidad de las franjas disminuyen, se agrandan
las bandas, las que en cambio se achican, cuando las franjas se acrecientan.
Desde la salida y hasta la puesta del sol, las bandas horizontales circulan
de norte a sur, invirtiéndose su dirección durante la noche,
según nuestras investigaciones.
Se desconocen hasta el presente las características de estas bandas
horizontales, evidentemente no nocivas para los seres vivientes. A diferencia
de las franjas y zonas geopatógenas, no ha sido posible detectarlas
en ambientes cerrados o bosques tupidos.
2º Franjas geopatógenas y radiaciones en ambientes cerrados:
La actividad patógena de las franjas telúricas y ambientales
adquiere singular relevancia en todos los ambientes cerrados, por la permanencia
obligada de las personas en contacto con ellas. Esto también concierne
a los animales estabulados.
La acción nociva de estas franjas, en muchos casos es incrementada
por la contaminación eléctrica. Es por ello, que se desea llamar
detenidamente la atención a los profesionales de las diversas artes
de curar, tener muy en cuenta aquellos casos resistentes a tratamientos, la
repetición o agravamiento de enfermedades en una determinada cama -casos
también constatados en hospitales y clínicas- anomalías
en el reposo, tanto en adultos como en niños, síntomas de decaimiento
o neurosis en dormitorios o lugares de trabajo; malestares psico-físicos
sin respuestas satisfactorias a los estudios clínicos, etc.
¡Aquí es dónde debe buscarse el eslabón perdido
en la cadena terapéutica y por ello al comienzo de este comentario,
se destacó con tanto énfasis el funcionamiento bioelectromagnético
del organismo humano.
Según la constitución de cada individuo y los plazos de exposición
a las franjas o zonas geopatógenas, la acción de éstas
demorará más o menos tiempo en hacer sus estragos.
Las ondas de las radiaciones geopatógenas interfieren en las frecuencias
electromagnéticas naturales del hombre.
Es algo similar -efectuando una comparación un tanto burda- al caso
del automovilista, quien se encuentra viajando con la radio funcionando. Al
transitar cerca de cables de alta tensión o de artefactos eléctricos
potentes, desaparece la imagen sonora de la radio, es decir, se ha producido
una interferencia, obstruyendo la trasmisión radial.
Estos aspectos de la acción nociva de las franjas geopatógenas
han sido motivo de profundos estudios recientes en varios países europeos,
todos con resultados positivos, en cuanto a los efectos perjudiciales para
las personas.
Este fenómeno, sin embargo ya era bien conocido en la China hace 6.000
años y también por otras civilizaciones antiguas.
Recordemos brevemente el accionar intuitivo de nuestras abuelas, quienes de
tanto, en tanto cambiaban las disposiciones de las habitaciones, evitando
así exposiciones prolongadas a eventuales zonas maléficas.
Corresponde encuadrar aquí también a las "casas embrujadas",
donde comprobadamente se producen grandes acumulaciones electromagnéticas
y de otro tipo, ya sea por franjas ambientales o por zonas geopatógenas
o por radioactividad de los materiales de construcción y que a su vez
afectan a los habitantes, especialmente a los adolescentes, provocando trastomos
hormonales en éstos.
Una constatación relativamente sencilla de los efectos geopatógenos
se logra a través de la observación de los así denominados
"bio-indicadores", tanto animales como plantas.
Se ha verificado que a ciertas especies de animales las radiaciones geopatógenas
les resultan molestas y las esquivan, como es el caso del perro, de los ganados
equino, bovino, ovino, caprinos, de las aves de corral y de pequeños
roedores, estos últimos muy utilizados en estudios biológicos
con ese fin.
El Dr. Jenny, Suiza, en una experiencia de 5 años de duración
y utilizando en total 24.000 ratones, estudió su comportamiento sobre
zonas geopatógenas, demostrando la aparición de síndromes
múltiples de neurosis, además de una ostensible reducción
de la fertilidad con respecto a las observaciones en los lotes "testigos".
El Dr. Hartmann y colaboradores, Alemania, observó un inusitado crecimiento
de los tumores inoculados en ratones sobre las referidas zonas.
Valiéndose de esta aversión de su ganado a las zonas geopatógenas,
los nómades europeos y asiáticos, antes de establecer su nuevo
campamento, observaban los lugares donde los animales echábanse para
descansar. Allí, luego los hombres levantaban sus carpas, en la seguridad,
que esa tierra era "buena".
En cambio, el gato, ciertas variedades de hormigas, las lechuzas y las abejas,
entre varias otras especies, sienten agrado por esas radiaciones "fuertes"
y se ubican con preferencia en estas regiones. En Alemania, por ejemplo, numerosos
apicultores instalan sus colmenas sobre franjas geopatógenas, asegurando
que allí se obtiene mayor abundancia de miel y de mejor calidad.
Las plantas, a su vez brindan un panorama informativo similar. Un árbol,
proveniente de un vivero, si por desgracia se lo planta sobre una zona geopatógena,
al cabo de unos años evidencia malformaciones en su crecimiento, no
sobreviviendo una edad máxima de 15 a 20 años.
Los signos más característicos de árboles sobre zonas
geopatógenas son: troncos mellizos, reviramiento del tronco, grandes
rajaduras profundas a lo largo de su corteza, tumoraciones en tronco y ramas,
pérdida masiva espontánea de savia, etc.
También en este caso existen plantas, a las cuales les afectan las
zonas geopatógenas, en cambio otras especies mejoran su desarrollo
sobre ellas.
La casi totalidad de las especies frutales, los paraísos, los abedules
y los pinos, por nombrar algunas, son muy sensibles. Por su parte los robles,
los sauces, los castaños, los helechos y los cardos crecen con mayor
vigor sobre esas regiones.
Resumiendo, la naturaleza misma nos indica cuales son lugares adecuados para
construir nuestras viviendas y cuales son las zonas inapropiadas.
Con respecto al tópico "viviendas" éste requiere una
consideración muy particular y extensa, de manera que aquí sólo
se mencionarán algunos conceptos esenciales.
Ante todo debemos tener presente, que la vivienda - ya sea nuestro hogar,
la oficina, el taller, etc. - es nuestra tercer piel. La primera es la natural,
la segunda la vestimenta y la tercera el ambiente que nos protege de las inclemencias
del tiempo y en cuyo interior permanecemos la mayor parte de nuestra vida.
La excepción es la de aquellas personas, cuyas tareas, obligada y felizmente,
se desarrollan al aire libre.
La vivienda no solamente debe reunir condiciones de confort, sino primordialmente
de salubridad, permitir el paso de un alto porcentaje de radiaciones cósmicas,
poseer una correcta ionización del aire y una acumulación mínima
de electricidad estática.
Si en un país muy industrializado y técnicamente adelantado
como lo es Alemania, funciona -auspiciado por el gobiemo- el "Instituto
de Construcción Biológica" al cual dirige el Prof A Schneider
, su funcionamiento ha de ser plenamente justificado.
3º Contaminaciones eléctricas: Son numerosos y variados
los daños psico-físicos que el hombre sufre a consecuencia de
las radiaciones eléctricas y magnéticas.
¡Todo contacto cercano con equipos eléctricos, carentes de la
adecuada aislamiento y descarga a tierra, indefectiblemente afecta a las personas
que los manipulan o trabajan en sus inmediaciones!
No solamente las personas son afectadas por los campos electromagnéticos,
sino también las plantas y en especial los árboles de las calles
son atacados por esas radiaciones, denominadas "parásitas".
En el campo laboral, es este el caso de peluqueros, fisioterapeutas, electricistas,
etc., como lo hemos podido comprobar mediante las correspondientes mediciones,
redundando ello en desequilibrios nerviosos y/o trastomos físicos.
Lo arriba mencionado también vale para las instalaciones eléctricas
en los ambientes cerrados, donde al no estar los artefactos correctamente
aislados o encontrarse mal polarizados, se producen campos electromagnéticos
permanentes, los cuales con el correr del tiempo despliegan su nocividad.
A su vez, la falta o disminución de ingreso de aire fresco, el exceso
de humo de tabaco, producen un desequilibrio de los iones aéreos, disminuyendo
los iones negativos de efecto estimulante para los moradores.
Existen elementos y muebles -frutos de los adelantos técnicos - que
acumulan electricidad estática, todo lo cual repercute negativamente
en las personas.
Neveras y otros artefactos eléctricos de gran tamaño, si no
poseen una adecuada conexión a tierra son productores por excelencia
de campos electromagnéticos, nada saludables por cierto.
Lo mismo vale para los tendidos de líneas eléctricas aéreas,
especialmente las de alta tensión, instaladas en cercanías de
viviendas.
Redondeando el tema: Todos los ambientes cerrados, ya sean viviendas, oficinas,
hospitales, talleres o fábricas, deben reunir las condiciones necesarias
de aislamiento de campos electromagnéticos parásitos, para garantizar
el bienestar de sus usuarios.
Cabe considerar ahora, aunque sea en forma escueta, cuales son los métodos
y medios para protegerse adecuadamente contra estas diversas agresiones.
Siguiendo el orden anteriormente establecido, en primer lugar se tratará
el problema de las zonas geopatógenas telúricas.
En estos casos, previa ubicación del recorrido de las franjas o áreas
de las columnas, lo más efectivo, funcional y económico es,
evitar el contacto con las mismas o sea no construir sobre esas zonas. Tratándose
de edificaciones ya existentes, en cuyo interior se establece la presencia
de zonas geopatógenas, lo más indicado es, alejar a las personas
de las mismas, modificando la distribución de los lugares de reposo
y de los puestos de permanencia prolongada.
Si bien existen en los mercados europeos aparatos y equipos para inhibir este
tipo de radiaciones, su eficacia permanente requerirá un lapso mayor
de experimentación y siempre estudiar su adaptación en cada
región.
Con respecto a las franjas ambientales nocivas -tener en cuenta que no todas
lo son- su neutralización resulta más fácil, mediante
la colocación de elementos inhibidores. No obstante ello, necesitarán
controles periódicos, para comprobar su eficacia.
Referente a la contaminación electromagnética, ello es un problema
de solución relativamente fácil, empleando técnicas de
aislamiento y polarización correctas y adecuadas descargas a tierra.
En cuanto a viviendas, que no se encuadran en los requerimientos apropiados
para la salud de sus moradores, hay que hacer respossables a los profesionales.
Con este modesto aporte, deseamos haber podido contribuir en algo a la difusión
de conocimientos elementales, para lograr la obtención de un estado
satisfactorio de salubridad de las personas, en lo concerniente a los tópicos
aquí expuestos.
BIBLlOGRAFIA