Experiencias
geobiológicas al sur del Atlas
Escrito
por Jordi Badia Pascual, arquitecto
Conocemos por múltiples ejemplos la disposición de templos de diferentes culturas y credos, superpuestos a lo largo de la historia sobre un mismo emplazamiento. Capillas románicas sobre yacimientos paleolíticos, catedrales góticas sobre mezquitas musulmanas, iglesias coloniales, sobre templos aztecas y estos sobre montañas sagradas... La estrategia no solo responde a la eliminación de la imagen y patrimonio de la antigua creencia, sino que se aprovecha de la presencia de algún importante foco de radiación telúrica, del espacio de energía concentrada del lugar.
Así pues independientemente de la cultura y el tiempo, los humanos hemos sabido reconocer estos lugares mágicos, los lugares potentes, en todo lo largo y ancho del planeta. En el caso que os propongo quería confirmar esta capacidad fuera de las culturas cristianas occidentales, saber si corresponden a las mismas pautas, o no, si se escogen los lugares con más tensión electromagnética o los más relajados y aislados. Y en último lugar saber hasta que punto es más importante la construcción física y psicológica del lugar, frente a la influencia de las influencias del subsuelo o del cosmos. El caso de Tamnugalt. Se trata de un pueblo de tierra, literalmente, a mitad de camino entre el Atlas y el desierto del Sahara, en un paisaje desértico, de piedras barridas por el viento y la erosión implacante del sol y la época de lluvias torrenciales. Donde los únicos lugares posibles para la vida son los ríos que descienden de la cordillera del gran Atlas, antes de que se pierdan enterrados en el desierto de arena. Estos 300 Km de recorrido son un delgado oasis lineal donde el r’o es el gran protagonista y articula todos los huertos de la región en una franja de 100 a 500 metros de ancho. Protegidos del sol por un bosque de palmeras y desafiando la inmensidad del desierto de piedra a su alrededor. Allí el pueblo de Tamnugalt con una importante historia carabanera a sus espaldas, está totalmente construido con tapial, adobe y troncos de palmera. Curiosamente nuestro trabajo, coordinado por el Colegio de Aparejadores de Barcelona, consistía en organizar un campo de trabajo para la rehabilitación del pueblo, pues poco a poco se está perdiendo el conocimiento de la construcción con tierra con la llegada del acero y el cemento, y poco a poco la ruina se apodera del pueblo tras los problemas de precariedad agrícola y la emigración a las ciudades de Europa. Realmente nuestros conocimientos no sobrepasaban en mucho los suyos y de ninguna manera somos capaces en este momento de levantar esas magníficas estructuras de 5 y 6 plantas que llegan hasta los 20 m de altura. Pero de cualquier manera nos parece fundamental, empezar a plantear talleres de cooperación, de intercambio de conocimientos, y solidaridad para reconstruir, no tan solo su hábitat físico sino también los mecanismos de sostenibilidad económica y ecológica de la región, y en todos estos sentidos empezamos un diálogo para el trabajo futuro.
El lugar sagrado
En las culturas musulmanes la religión, y su espacio social, la mezquita, son muy importantes. Se trata del lugar de reunión y de charla distendida entre los feligreses. En la cultura árabe no existe la adoración de imágenes, pero como aquí las capillas y las pequeñas ermitas dedicados a santos y vírgenes locales, también existen otros espacios de culto complementarios a las mezquitas. Uno de estos edificios es el Morabit. Se trata del sepulcro de un hombre eminente por su car‡cter religioso. A menudo estos morabits están perdidos en el paisaje rocoso, a veces al pie de un camino, pero en el caso de Tamnugalt se sitúa a las puertas de pueblo. Se trata del sepulcro de Sidi Abdellah de Taugonite. Actualmente descendientes de su estirpe viven aún en el pueblo y ejercen un importante rol social en el consejo de la ciudad. Sidi Abdellah. el hombre santo en cuestión se remonta aproximadamente a nuestro siglo XVI, y tuvo gran renombre porque conoc’a el calculo astronómico, y cuenta la historia que determinó con precisión la posición de La Meca desde el pueblo de Tamnugalt, y por tanto se podía organizar desde la región la dirección de las Mezquitas y los rezos de los creyentes.
Durante nuestra estancia en Tamnugalt el Morabit se encontraba en obras. Se trata de un edificio de planta cuadrada de unos 8 por 8 metros, y unos 6 o 7 de altura, coronado con una cúpula "china" es decir una falsa cúpula acabada en punta. Estaban trabajando en una seria rehabilitación, incluida la cúpula que cubría el pequeño recinto, estaba agrietada en varias partes, con brechas horizontales cerca de su base, es decir, se estaba abriendo por la base. Se me ocurrió plantearle al técnico del grupo de cooperación del CERKAS, Faissal Cherradi, una medición geobiológica, y sorpresa !!!, sabía de que estaba hablando, nos faltó tiempo para ir al morabit en plena jornada de trabajo. Ante todo pedimos permiso a los allegados de la familia del hombre santo, dimos conocimiento al representante del poder religioso en la mezquita, y contamos también con el visto bueno de los hombres eminentes del consejo que en ese momento pudimos consultar, y poco después bajo su atenta mirada y con los obreros boquiabiertos me permitieron entrar aún sin profesar su religión. Saqué las varillas y el péndulo y empecé la prospección (amateur) en toda regla. El resultado ya lo veis aquí dibujado: Una vena de agua, que aquí diríamos normal, en un país donde el agua es preciosa se convierte en una gran vena. Una falla telúrica, y una vena mineral realmente potente en su poder de radiación, unido como no, a un nudo de la red Hartmann. Pero aún faltaba algo más en ese espacio, que explicase el nivel de energía que permanecía dentro de esas paredes. Un nivel energético claramente descompensado del que se vivía en el exterior. Tras infructuosas búsquedas y preguntas la única solución parecía venir precísamente de la retención de la energía personal del sepulcro, en ese momento me dejo casi inánime pensar en una fuerza personal tal que permaneciera durante siglos y siglos de forma tan abrumadora, al poco rato de palidecer y de preguntarme interiormente como pod’a ser, mis nuevos compañeros locales me preguntaron como iba la prospección, (precisamente al verme pálido y desorientado) y al responder sobre esta misteriosa energía del lugar profundizaron en una explicación más extensa de la vida e historia tras la muerte de Sidi Abdellah, incluida la celebración anual en conmemoración al hombre santo, inmediatamente continué mi búsqueda con el péndulo, y efectivamente la fuerza ancestral permanecía, pero sobretodo unida al hecho que año tras año una gran peregrinación que reúne cientos de creyentes desde todos los pueblos de la región se concentra en el lugar aportando, renovadas energías sagradas al espacio.
