La
Geobiologia como Camino
Escrito por: Mariano Bueno, aparecido en el
nº 20
El libro "La enfermedad como camino" nos sirve de hilo conductor para profundizar en una serie de cuestiones que empiezan a ser importantes en el contexto de GEA.
Desde
diferentes áreas, se plantea el echar una mirada retrospectiva haciendo
una revisión de la trayectoria de la Asociación, e incluso de
plantearse una vuelta a los orígenes.
Al ir creciendo en número de socios y en actividades, la Asociación
se ha visto en ocasiones desbordada, y si bien se está realizando una
inestimable labor de divulgación y de concienciación social
sobre la mayoría de los temas abordados por la Geobiología;
se aprecia quizás una cierta polarización hacia temas relacionados
con la bioconstrucción y las energías renovables, quedando en
un segundo término cuestiones y temas como la radiestesia o la profundización
en la Formación geobiológica y las prospecciones.
Es evidente que GEA se mueve en función de la energía, el tiempo
y la dedicación desplegadas por sus miembros, y el hecho de que se
observe un predominio de actividades relacionadas con la Bioconstrucción
y las energías renovables, se debe en gran medida a que hay socios
muy activos en esos campos. Aunque también es consecuencia del creciente
interés social y la gran demanda que están generando esos temas.
De todos modos, no debemos olvidar que GEA es una Asociación de investigación
y estudios geobiológicos, por lo que resulta coherente que nos planteemos
que estamos haciendo en el terreno específico de la Geobiología.
Tal vez sea interesante antes que nada, el recordar qué es la Geobiología.
La definición académica entresacada del diccionario nos habla
de: Ciencia que investiga la relación entre las radiaciones cósmicas
y terrestres y sus influencias en los procesos vitales y la evolución
de los seres vivos.
En la práctica geobiológica, nos hallamos ante un complejo espectro
de radiaciones, energías y Factores de riesgo para la salud, susceptibles
de provocar trastornos leves o patologías serias a quienes se ven expuestos
en mayor o menor medida a ellos.
Es a partir de las enfermedades y trastornos derivados de una exposición
a las radiaciones terrestres y al resto de factores de riesgo naturales o
artificiales, que puede preocupar o interesar a cualquier persona todo lo
relacionado con la Geolobiología, independientemente de su profesión,
edad, sexo o creencia religiosa.
Si rastreásemos un poco, tal vez descubriríamos un gran número
de personas que se han acercado a la Geolobiología por razones de trastornos
de salud a los que no hallaban explicación (o solución) o por
problemas mas o menos serios en familiares o allegados. También son
frecuentes quienes se plantean cambiar de casa y desean asesorarse bien de
donde irán a vivir. Otros descubren nuevas posibilidades de actividad
profesional, quizás más acorde con sigo mismos que el trabajo
que desarrollan habitualmente.
Esto nos hace pensar que tal vez sean pocos los que a priori se acerquen o
se planteen la Geobiología, como un excelente proceso de continuo aprendizaje
y de desarrollo personal.
Por todo ello, este es el aspecto sobre el que más me gustaría
incidir aquí; profundizar en esta otra dimensión menos conocida
y de la que apenas se habla, a pesar de su profunda significación en
relación con la Geolobiología.
Cuando te metes de lleno en los extensos campos que aborda la Geobiología,
descubres un apasionante mundo de energías sutiles integradoras de
la compleja realidad global.
De pronto, nos hallamos ante un sinfín de fuerzas, energías
y vibraciones, estructuradoras y moduladoras de toda actividad vital.
A partir de ahí, uno ya no puede entender la vida solo desde aspectos
mecanicistas y reduccionistas; empiezas a percibir la sutil trama de energías
moviéndose e interactuando en todas direcciones. Todo pasa a percibirse
como energía en constante movimiento y nos hallamos ante la obligación
de aprender a descifrar sus múltiples interacciones e imbricaciones.
La presencia e influencia de la energía en movimiento lo influye todo
y está presente en cada manifestación de cualquier ser, animado
o inanimado. Desde los movimientos geológicos terrestres, hasta la
actividad neuronal del complejo cerebro humano; pasando por los constantes
cambios climáticos o las percepciones sensoriales: el calor es radiación
electromagnética infrarroja, la luz son ondas electromagnéticas
de unas determinadas frecuencias, los colores son haces concretos de frecuencias
específicas y el sonido vibraciones del aire.
Todo es energía en movimiento. Flujos y reflujos de energías,
radiaciones y campos pulsantes que mueven la vida y posibilitan tanto la germinación
de las semillas como el latir de nuestro corazón.
¿Podemos acaso pensar en algo en donde no esté presente alguno
de los estados de manifestación de la energía vibratoria y pulsante?
Incluso la actividad cerebral se ve estimulada o alterada por las energías
y radiaciones del entorno.
Si todo es energía; si somos energía en movimiento y transformación
constante: ¿A quién no le interesa conocer las dimensiones energéticas
de cualquier aspecto de nuestra realidad?
Eso es la Geobiología: la ciencia que estudia la dimensión energética
tanto grosera como sutil de la realidad que nos envuelve.
Profundizar en la Geobiología, significa adentrarse en el conocimiento
de las energías y radiaciones mas perceptibles como el magnetismo,
la radiactividad o la electricidad, pero también indagar en las múltiples
interacciones e imbricaciones de cada una de estas energías con cualquier
proceso vivo: bioelectricidad, bioelectromagnetismo, ondas de forma, energías
y estados de conciencia, salud y hábitat, lugares sagrados, etc. etc.
Un día descubres que tu estado de ánimo en un momento dado,
puede ser debido al entorno familiar o profesional, pero también a
los campos electromagnéticos allí presentes, que alteran considerablemente
tu actividad neuronal, o incluso a las microondas emitidas por el teléfono
celular que te mantiene bien comunicado con los demás.
Pasas a interesarte más y más, y acabas investigando cada rincón
de tu casa, cada espacio, hasta descubrir las aptitudes y predisposiciones
de los lugares; y a partir de ahí sabes en qué sitio descansas
y te relajas mejor, que rincón te permite concentrarte, estudiar o
ser más prolífico en tu trabajo; hallas la mejor distribución
de formas, muebles y colores para propiciar el intercambio y la comunicación
en salas de estar o comedores, e incluso aprendes a crear armonía allí
donde antes solo percibías desorden y tensión.
Terminas por conocerte mejor y a reconocer en ti, aquellos síntomas
que te indican o te aportan información sobre las energías de
los lugares: esa presión en las síenes que te señala
la presencia de fuertes campos electromagnéticos; la ansiedad o el
dolor de riñones típica de las alteraciones telúricas
intensas; el calambre en una pierna cuando te paras sobre un cruce de líneas
Hartmann o la somnolencia y pesadez de los lugares con la vibración
general muy baja o densa. Incluso con el tiempo, hasta percibes las cualidades
más sutiles de los lugares; intuyendo la personalidad de quienes allí
habitan o la presencia de remanencias sobre hechos acaecídos en tiempos
pasados.
La Geobiología puede ser una puerta abierta a las infinitas dimensiones
de la realidad, solo precisa de nosotros una mente y un espíritu abiertos,
así como grandes dosis de curiosidad, una constante observación
del entorno, de las personas y del resto de los seres vivos; unido a un mínimo
de lógica reflexión para discernir coherentemente sobre cada
hecho observado.
El discernimiento coherente es vital en toda observación y análisis,
de lo contrario la Geobiología se presta a perderse en las muchas ramas
e incluso a desvariar con conclusiones precipitadas disparatadas o alejadas
de toda realidad.
La intuición debe preceder a la razón; pero la razón
cumple la función de dar forma, contenido y coherencia a lo observado
e intuido. De lo contrario es fácil desorientarse e incluso llegar
a planear rayando la incongruencia cuando uno se adentra en los terrenos de
difícil corroboración.
Otro campo de acción de la Geobiología es la investigación
rigurosa y de laboratorio. De hecho, en parte, es gracias a esa investigación
que se ha conseguido dar cuerpo y credibilidad a una ciencia que en un principio
era mucho más empírica e intuitiva y cuyas herramientas básicas
siempre fueron la radiestesia y la sensibilidad personal; algo más
cercanos del arte que de la ciencia.
El problema de la investigación metódica de laboratorio -que
es lo único que suele aceptar la ciencia oficial- es que resulta muy
costosa, tanto económicamente como en tiempo y en dedicación;
por lo que solo suele investigarse aquello de lo que se pretende obtener un
cierto beneficio económico. Si además los resultados de las
investigaciones atentan contra intereses concretos, se despliega una serie
de cotrainvestigaciones tendentes a descalificar las que obtuvieron resultados
positivos, o se cuestiona la metodología empleada hasta conseguir rebatir,
anular o ridiculizar tus conclusiones.
Ello nos obliga a interesarnos más por los trabajos de campo, por las
investigaciones en las viviendas habitadas, observando síntomas y patologías
vinculables a los factores de riesgo estudiados por la Geobiología.
Y sobre todo a observar los resultados de las indicaciones y consejos ofrecidos,
haciendo el pertinente seguimiento hasta percibir los positivos resultados
y tomando buena nota de causas, efectos y reacciones.
También tenemos que arroparnos con la profunda humildad del que es
consciente de lo compleja que es la realidad que nos envuelve y de la que
formamos parte, así como de la complejidad humana; siendo muchos los
factores de interacción para que algo suceda. Cuestionar y cuestionarnos,
aceptar los fallos o errores y aprender de ellos, conocer nuestras posibilidades
y también tener claros los límites.
La Geobiología estudia infinidad de factores y muchos de ellos sinérgicos,
e intenta profundizar allí en donde otras áreas del saber se
quedan cortas o no tienen respuesta. En definitiva ofrece infinitas posibilidades
y alguna que otra limitación. Lo importante es que puede llegar a convertirse
en un excelente camino de desarrollo y crecimiento personal que abarca todas
las dimensiones del ser.
Desde estas líneas os invito a seguir este apasionante camino, con
todas sus posibilidades y también con sus limitaciones; superando los
obstáculos que se nos presenten en cada momento, e intercambiando las
múltiples experiencias personales entre todos los que compartimos un
mismo rumbo.