Posibilidades y limitaciones de una prospección

por Mariano Bueno, aparecido en el n 19

Los que nos dedicamos habitual o esporádicamente a realizar Prospecciones de viviendas o diagnósticos de Biohabitabilidad, nos enfrentamos a menudo a los problemas propios de una realidad que, en sí misma, es muy compleja.
Muchos de los casos estudiados resultan sencillos en su diagnóstico y resolución: casos de insomnio o dolores de cabeza pertinaces que mejoran o desaparecen tras desconectar los aparatos eléctricos (radiodespertadores, lámparas, radiocassettes...) situados en las mesitas de noche o con la corrección de la contaminación eléctrica producida por una deficiente instalación eléctrica empotrada en las cabeceras de la cama.
En otros casos coincide claramente el recurrente dolor de espalda o la reiterativa tensión muscular con la presencia de un cruce de líneas Hartmann en la zona de la cama que se corresponde con esa parte del cuerpo, por lo que tan sólo desplazándo la cama un metro o cambiando su orientación se consigue la mejoría o incluso a menudo la desaparición definitiva del transtorno.

Los problemas, para un experto en Geobiología aparecen cuando no podemos hallar una relación estrecha entre las patologías padecidas por los ocupantes de una vivienda y las alteraciones geobiológicas detectadas.
Tendremos que partir del hecho de que los transtornos de salud o las enfermedades casi siempre son multifactoriales y entre esos múltiples factores que inciden -directa o indirectamente- en el equilibrio o desequilibrio del organismo, podemos entrever aspectos tan diversos como la alimentación, el ejercicio físico, la actitud psicológica o filosófica frente a la vida, la genética o el ambiente.
Sobre la mayoría de los aspectos citados se han ido creando disciplinas y escuelas que los investigan y dan sus recomendaciones para prevenir enfermedades o curarlas una vez aparecidas. Pero a menudo se olvida el factor energético, tanto la energía dura (radiactividad, radiaciones electromagnéticas...) como la sutil (frecuencias cromáticas de la decoración de los espacios o las de forma de las construcciones o incluso de los objetos decorativos). Todo ello conlleva que el experto en Geobiología deba poseer una amplísima formación y experiencia personal, para poder hacer evaluaciones rigurosas y que los resultados de sus actuaciones sean positivos.
Uno de los mayores problemas que estamos hallando es la parcialidad de los criterios empleados por un determinado prospector. Cuando alguien posee una estructura mental muy racionalista tiende a cargar las causas de los problemas en los aspectos más medibles racional y científicamente (la radiactividad de los materiales o la presencia de CEM), mientras que los que poseen una formación o una fina sensibilidad radiestésica suelen polarizarse con facilidad en los aspectos más sutiles y difíciles de valorar objetivamente (objetos con vibraciones extrañas, entidades desencarnadas o remanencias vibratorias de hechos desagradables acaecidos en el lugar estudiado).
Podríamos pensar que ante estas divergencias lo realmente importante es el resultado final. Si la persona o personas solicitantes del estudio o prospección de su vivienda hallan solución satisfactoria a sus trastornos o problemas, poco importa la metodología o el lenguaje usado a tal fin. El problema aparece cuando un prospector con su sistema peculiar de diagnóstico y sus recomendaciones no acierta a dar la solución satisfactoria y el cliente en vez de volver a consultarle o pedirle que le aclare sus dudas recurre a un segundo e incluso a un tercer prospector, hallándose con tres diagnósticos diferentes e incluso contradictorios el uno con el otro.
Reconozco que un diagnóstico bien hecho es dificil y requiere tanto de los conocimientos y la experiencia como de una intuición o sexto sentido que allane el terreno, dada la complejidad y variedad de los fenómenos estudiados por la Geobiología. Nos hallamos ante una ciencia que posee bastante de arte. Si además sumamos las constantes variaciones de las radiaciones cósmicas y terrestres, podemos entrever la extrema complejidad del tema abordado, pues el diagnóstico que hagamos puede variar sustancialmente tras un seismo, después de unos cuantos meses de lluvia o de cambio de presión atmosférica.
Todo ello debe cuestionarnos las posibilidades y las limitaciones de una prospección y situarnos en una dimensión de mayor humildad, al tiempo que potenciamos los encuentros de prospectores y profesionales vinculados con la Geobiología, esperando que redunden en una puesta al día permanente y que permita contrastar técnicas y metodologías de trabajo a fin de unificar criterios y ajustar nuestras sensibilidades personales. De lo contrario se puede ir generando un justificado o injustificado descrédito que revertirá negativamente a corto o largo plazo sobre todos los que dedicamos parte de nuestras vidas a ayudar en la búsqueda de la salud global a nivel particular y social.
En los encuentros de prospectores ha quedado patente la necesidad de un seguimiento de las prospecciones realizadas y de la evolución de los implicados. También sería recomendable que las personas que hayan permanecido largos periodos en zonas con alteración telúrica o expuestos a radiaciones nocivas realizaran un test periódico de Kinesología, Mora (resonancia biológica) o Vegatest que les indicara si siguen padeciendo alguna geopatía. En caso de persistir la información geopática será preciso una segunda prospección para dilucidar las causas no detectadas con anterioridad.
Todo ello conlleva una mayor implicación tanto del interesado como del prospector, quien no puede limitarse a hacer un simple estudio de la vivienda, entregar un plano -más o menos bonito- y acompañarlo con un informe muy sofisticado con tal de dar apariencia de seriedad. La seriedad profesional no la avalan ni la elocuencia verbal, ni los informes a todo color, ni el elevado precio de una prospección; la seriedad y validez de una prospección es algo estrechamente relacionado con el grado de implicación, la formación y la experiencia del prospector.
Hay que tener siempre muy presente que a partir de nuestros comentarios y recomendaciones se toman decisiones en ocasiones de suma importancia, tanto para la salud del interesado como para su economía, ya que en ocasiones se realizan costosas reformas o se construye en función de lo hallado en la prospección.
Evidentemente no toda la responsabilidad puede recaer sobre el prospector, sea profesional o no, el interesado -o cliente si se prefiere- tiene que implicarse e investigar por su propia cuenta, mucho más si tenemos presente que la mayoría de las energías y factores de riesgo que investiga la Geobiología tienden a fluctuar o variar con el tiempo -épocas de lluvia, seismo, actividad solar y otros fenómenos naturales- incluso las obras realizadas cerca de la vivienda -movimientos de tierra, entubados o enterramientos de cables o la tala de árboles de gran porte- a lo que hay que añadir las fluctuaciones de intensidad de los campos electromagnéticos en las distintas horas del día y de la noche.
Dada la gran complejidad, queda patente que el interesado en saber si su casa es sana o no, tendrá que implicarse cuando no halle los resultados esperados y vaya experimentando, ya sea cambiando la ubicación u orientación de las camas en todas las zonas posibles, o desconectando la instalación eléctrica por la noche, e incluso aprendiendo el uso de los instrumentos de medición y detección de anomalías, para poder verificar por sí mismo los posibles cambios o las modificaciones de las alteraciones fluctuantes.
Hace poco releía un artículo aparecido hace tiempo en una revista francesa, en la que se mantenía una actitud crítica con la Geobiología, mostrando algunos casos de contradicciones entre Geobiólogos y radiestesistas y enumerando alguna prospección solicitada a varios prospectores en las que algunos diferían considerablemente en sus conclusiones y recomendaciones. Los que nos dedicamos a la prospección de viviendas o terrenos para edificar tenemos que implicarnos algo más de lo que lo estamos actualmente y buscar todas las posibilidades a nuestro alcance para seguir compartiendo y aprendiendo entre todos, descubriendo todas la posibilidades así como las limitaciones a las que tenemos que hacer frente.
Urge -si no deseamos ahondar la brecha del descrédito- una constante y regular puesta en común que, mediante la comunicación, aclare dudas, resuelva malentendidos y nos permita evitar los errores que hayamos podido cometer, ya sea por el desconocimiento de algunos factores sinérgicos o por actitudes quizas demasiado autodidactas (con todo lo positivo y negativo que ello conlleva)
Siento que hay que movilizar el grupo de prospección y dinamizar los trabajos de investigación geobiológica, con ello saldremos ganando todos, tanto en conocimientos y seriedad profesional como en credibilidad.

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